DENUNCIAN OLOR “A MUERTO” EN LA TIERRA DEL VINO
Vecinos de Fuentelcarnero alertaron el pasado día 21 de febrero a SEPRONA y a su Ayuntamiento, que es el de Corrales del Vino, sobre un intenso olor “a muerto” que parecía proceder de El Cubo del Vino.
Tras la llegada de dos coches de la Guardia Civil, cuyos agentes les comunicaron su intención de acudir en aquella dirección para ver de qué se trataba, y tras una segunda llamada al Ayuntamiento de Corrales, desde el Consistorio les informaron que el olor era debido a residuos que la planta de compost de Topas estaba “autorizada” a arrojar.
Los vecinos de Fuentelcarnero no han llegado a saber dónde exactamente se habrían echado estos residuos, pero según otros vecinos de la zona, el fétido olor provendría de una parcela de la localidad de Mayalde y había llegado también a algún otro municipio más alejado. Nos comentan que el propietario de la planta de Topas podría estar adquiriendo terrenos en propiedad o alquiler por la zona para deshacerse de sus residuos.
Queremos remarcar que el término municipal de Mayalde se encuentra a 10 km de alguno de los pueblos que se han visto afectados por el olor.
Esto confirma nuestras continuas advertencias:
1. Aunque no instalen una planta de biogás en nuestro pueblo o nuestra ciudad, todos acabaremos sufriendo por igual sus consecuencias: las inmensas cantidades de residuos que generan y que son más apestosos y contaminantes que el purín, serán extendidas también por el resto de la provincia. Y los gases que emitan tanto esas plantas como las macrogranjas que se construirán gracias a ellas, llegarán igualmente a nuestros pulmones.
2.- Nadie acudirá en nuestra ayuda cuando las plantas hayan sido autorizadas y ya se encuentren instaladas. Tendremos que pasar el resto de nuestras vidas, como ya sucede en otros lugares, interponiendo denuncias que nadie escuchará o para las que no habrá respuesta o solución.
3.- De nada servirán las olfatometrías que se realicen en la propia planta, ni las distancias que se establezcan por normativa con las plantas, ni las moratorias que demoren la construcción de las plantas, porque el problema no es sólo el de la planta en sí, sino de todo lo que sale de ella y no se queda a su alrededor.
Las plantas de biogás proyectadas son un error mayúsculo que sólo llevará destrucción a cualquier zona en la que se instalen; son enormes monstruos contaminantes que no están concebidas para “recoger” los residuos de la zona, sino para producir gas en grandes cantidades y obtener créditos de carbono con los que poder seguir contaminando, y que no dejan en los territorios en los que se instalan más que miseria.
Con estas plantas no se negocia; con estas plantas no se regatean tiempos ni distancias; a estas plantas sólo se les puede decir tajantemente y sin posibilidad de discusión QUE NO.

