LA “EXIGENTE” Y “ESTRICTA” NORMATIVA QUE NOS PROTEGE EN CASTILLA Y LEÓN
Los que han visto y olido los residuos que proceden de la planta de biocompostaje de Topas, se preguntan cómo se puede considerar exigente a una normativa que permite abonar con un subproducto que contiene plásticos, bolas de grasa y del que resulta imposible soportar el olor.
Si acudimos a la página web de esta planta de Topas encontramos la atractiva foto de unas manos que sostienen algo similar al sustrato vegetal habitual en jardinería que todos conocemos.
Fotos similares a ésta suelen ser frecuentes en los catálogos publicitarios de las plantas de biogás como la de El Cubo del Vino (imagen que contradice su propio proyecto en el que se detalla un digestato con alrededor de un 80% de parte líquida).
Por su parte en la web de la planta de Topas no tienen problema en anunciar que recepciona residuos tipo SANDACH II (como en el proyecto de El Cubo del Vino) y SANDACH III.
(*SANDACH: Subproductos animales no destinados al consumo humano.)
Detallamos algunos de los productos de la lista oficial de SANDACH II: residuos animales de mataderos incluidos lodos, aceites y grasas, productos animales con residuos de medicamentos veterinarios y contaminantes, productos animales de terceros países que no cumplan con la normativa comunitaria, animales sacrificados para erradicar una enfermedad epizoótica…
Con estos ingredientes entre otros elaboran el compost en el caso de la planta de Topas y elaborarían el “fertilizante” en plantas de biogás como la de El Cubo, que después regalarán a los agricultores para deshacerse de él.
Recordemos qué puede contener ese “fertilizante” que estaría perfectamente autorizado por la “estricta y exigente” normativa actual de Castilla y León: nitrógeno, sales de cloro, plástico, cadmio, cromo hexavalente, mercurio, níquel, plomo, arsénico, cobre, zinc…
Todo ello puede salir de una de estas plantas con el beneplácito de nuestra Administración y ser extendido por nuestros campos de cultivo apestando a la población a kilómetros a la redonda de donde se extienda, contaminando con esos metales pesados y elementos químicos nuestra tierra y filtrándose hasta llegar a nuestros acuíferos para dejarnos sin agua potable para siempre.
¡Eso es lo autorizado! A partir de ahí, a vigilar a las plantas para que lo cumplan y no contaminen aún más de lo ya permitido, a suplicar controles y análisis a la Administración, a presentar demandas cada vez que incumplan la normativa… Y mientras, a respirar lo que quiera que emitan las chimeneas de las plantas, a beber y ducharse con el agua que salga de nuestros grifos y a vivir con una pinza en la nariz perpetua olvidando a qué olía nuestro campo antes de las plantas de biogás.
Porque no olvidemos que además estas empresas pueden contratar los controles de sus plantas a las también empresas privadas a las que en muchos casos ellas mismas pagarán.
Podemos esperar a sufrir una vida de pesadilla o podemos parar la pesadilla entre todos ya.

